Fenghuang

China X: Que ver en el pueblo chino de Fenghuang 3


Hoy estábamos pasando nuestra primera y única noche en un tren chino, con inicio en Chengdu y con destino final Fenghuang. El cómodo tren nocturno llegó puntual, a las 7.26 a la estación de tren de Huaihua. Nos habíamos preparado un itinerario antes del viaje sobre cómo llegar al punto donde coger el autobús hacia Fenghuang una vez salimos del tren, nuestras instrucciones que habíamos recopilado buceando por la red eran las siguientes: “Salir todo recto hacia afuera pasando la parada de taxis. Una vez afuera ir por la calle a la derecha y caminar unos 10 minutos hasta la estación de larga distancia o Huaihuawest bus station o 怀化汽车西站”.

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Huaihua:

También podíamos coger un taxi amarillo (los legales) a la salida de la estación pero en teoría eran unos 10 minutos andando, así que una vez cogidas las mochilas volamos prácticamente hasta la estación de autobuses. Atravesamos la salida de la estación de tren donde se nos agolparon un montón de taxistas (aunque casi todos abordaban a los chinos, se sorprendían mucho de vernos aparecer a nosotros) giramos y en unos diez minutos vimos unos buses entrando a una estación, así que perfecto. Lo único que pudimos ver de Huaihua fueron atisbos de una ciudad super industrial, con grades rascacielos, humo y contaminación.

Por fin llegamos a la estación preparados con el nombre de Fenghuang escrito en caracteres chinos y nos separamos para buscar el cartel del bus que más se parecía a lo que teníamos escrito: 凤凰 o como decíamos nosotros, un par de sombreritos chinos.

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Finalmente encontramos el autobús y nos subimos ya que salía en ese momento. Nos costó 39 yuanes a cada uno y nos aposentamos en el asiento que nos dijeron rodeados de chinos que nos miraban como a extraterrestres, ya que para variar, éramos los únicos turistas.

El camino duró unas 3 horas, rodeados de preciosos paisajes verdes y lloviendo a ratos. El autobús paró y nos bajamos, pero aquello no era Fenghuang, de hecho nuestro gps chino nos indicaba que estábamos aún a 15 minutos. Vimos un pequeño autobús, casi furgoneta, donde se subían nuestros compis del otro bus a empujones y corriendo. así que con las mochilas a cuestas nos encajamos dentro. Lo que pasó a continuación fue una gran incógnita y solo podemos deducirlo pero la cuestión es que intentaron bajarnos del vehículo, nos empujaron y gritaron, pero por nuestra cabezonería, más bien la de Óscar nos quedamos ahí dentro, decir que íbamos como sardinas en lata es poco, mientras una señora china voceaba, en modo guía de grupo, y cobraba el billete. Pagamos 5 yuanes cada uno y en menos de 20 minutos habíamos bajado al idílico pueblo donde aún nos quedaba la odisea del hotel.

Fenghuang:

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Bajamos donde el GPS nos decía que quedaba el hotel. Habíamos tenido algún problemilla para reservarlo porque esos días eran fiesta y estaba casi al 100% de ocupación y conseguimos un hotelillo con un par de comentarios buenos, pero que nadie se ponía de acuerdo en su ubicación, y cuando digo nadie, digo que ningún mapa lo ubicaba así que íbamos a la aventura. Callejeamos un buen rato, arriba y abajo y siempre nos pasábamos la zona donde supuestamente se encontraba el hotel, preguntamos a un par de personas pero que si hacia arriba que si hacia abajo y ya no sabíamos que hacer… al final vimos subir por la calle a una mujer policía, así que fuimos derechos a la autoridad a pedirle ayuda. Ella inmediatamente llamó al teléfono del hotel y después de un buen rato de charla, de paseos y de discusiones por teléfono, llegamos al hotel, que realmente estábamos al lado, pero estaba detrás de un mini callejón por el que habíamos pasado 5 veces por delante. Majísima la poli que estuvo un buen rato con nosotros y le echó un rapapolvo a la señora por no tener bien indicado el hostal.

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Nuestro hotel era el Xiao Lan Ren Exquisite Hostel (121, Lao Ying Shao), una casa particular con varias habitaciones. La dueña del hotel que nos vino a buscar al encuentro con la policía era muy maja, eso sí, de inglés nada de nada. Muchas risas, muchos gestos y poco a poco nos fuimos entendiendo. Nuestra habitación era grande con dos camas y un baño tipo asiático o sea ducha sin plato y el wc era un agujero en el suelo.

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Pagamos a la dueña del hotel 138 yuanes entendiéndonos a duras penas y sin perder tiempo salimos a explorar el pueblo. Bajamos la cuesta en busca de sitios para ver y nos encontramos con el control de entrada, (ineludible esos días, estaba controlado por todos los puntos de acceso al pueblo), pagamos 148 yuanes cada uno y nos dieron un mapa chino con los sitios más importantes dibujados en modo manga.

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Empezamos a pasear, aquello ese día, el más festivo, parecía el Benidorm chino y estaba a reventar de gente (china). Pasamos por encima de los pequeños círculos de piedra que cruzan el río, (no, por desgracia no vimos a nadie caerse ni ninguna piedra se movía estilo humor amarillo), y varios monumentos. Éramos la atracción del pueblo porque no nos cruzamos con más turistas ese día, así que además de mirarnos siempre, muchas nos pidieron hacerse fotos.

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El pueblo es alucinante en sí, merece mucho la pena verlo, andar por sus calles, ver el río, callejear… nos hartamos de hacer fotos hasta que nos entró un poco de hambre. Buscamos algún restaurante pero todos estaban en inglés y no vimos ninguno chino con dibujitos para señalar, hasta que en la rivera del rio paramos en un restaurante que anunciaba la palabra “pizza”. Emocionados entramos, primer intento, la mujer no sabía que decíamos y trajo a su hija pequeña, que nos plantó delante un menú en chino. Le preguntamos por una pizza y nos señaló 4 cosas del menú. Pensamos que serían 4 tipos de pizza diferentes, y como iba a ser imposible entender de cual era cada una, elegimos dos al azar y sacando nuestro pequeño diccionario de chino pedimos un par de aguas, cosa que sí pareció entender.

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Sentimos algo parecido a la desolación cuando apareció con un par de batidos de fruta, con una gran sonrisa diciendo “pizza pizza”. O alguno que estuvo antes les hizo la gracia diciendo que los batidos eran pizza o no se enteraron mucho cuando lo apuntaron, o igual pizza significa batido en chino… La verdad es que estaban buenísimos, pero no eran pizzas. Eso sí, solo por lo buenos que estaban y las vistas que teníamos del río mereció la pena, pero el hambre seguía ahí. Pagamos 66 yuanes por ello y salimos a seguir disfrutando de Fenghuang.

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Paramos en un puestecillo y por 10 yuanes nos compramos unas patatas para al menos matar un poco el hambre, cosa que fuimos haciendo con comidas de puestos callejeros que vimos.

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Visitamos muchas cosas en Fenghuang, aunque no seguíamos el mapa, íbamos descubriendo las cosas según nos las encontrábamos. Atravesamos puentes, muchos arcos, varios templos, antiguas casas, la muralla, casas de te, e incluso subimos a la montaña donde se tienen unas vistas espectaculares…

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Nos pasamos el día andando de un lado a otro, siempre alucinando con las vistas del pueblo, hasta que la lluvia monzónica en cubos de agua empezara a caer sin piedad.

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Nos refugiamos en un restaurante junto a otros chinos hasta que escampó y pusimos rumbo al hotel porque estábamos muy cansados de patear. La idea era ir a buscar un sitio para cenar, (y no volver a repetir la historia de la “pizza”), y ver Fenghuang de noche para ver la diferencia con el día. Un par de horas antes habíamos visto un envoltorio de KFC en la papelera así que googleamos y encontramos uno a las afueras, así que allí que fuimos a cenar con alegría un par de menús de hamburguesa y wrap con patatas mientras anochecía.

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Y con la noche vino el espectáculo. Si por el día era alucinante y de cuento, de noche acabó por conquistarnos, paseamos por los puentes iluminados, los farolillos y entre las miles de luces de neón. Las luces de los templos y los puentes se reflejaban en el río, todo era luz y reflejos y colorido y a la vez oscuridad. Alucinante.

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Pero cuando decimos que era el Benidorm es porque nos dimos cuenta de que había muchísimos locales que sorprendentemente se habían transformado en discotecas con la música occidental altísima, bebidas, alcohol y espectáculos que llamaban a la gente por la calle para atraerlos a su local. Todo un amor-odio.

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Salimos un poco de la locura a las afueras y cual fue nuestra sorpresa cuando vimos que estaba lleno de mil puestos de comida callejera, pinchos de carne, de salchichas, noodles… nos arrepentimos un poco del KFC pero como era tarde localizamos un super, compramos el desayuno, (24 yuanes unos bollos de fresa y galletas de chocolate que fueron la dinámica de todos los desayunos de China y siempre que vamos a un viaje y vemos algo parecido nos referimos a los bollos como los “bollos chinos”).

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Y paseando sin prisa, disfrutando de las luces de Fenghuang nos fuimos a nuestro hotelito (ya bien localizado), que mañana nos íbamos a la aventura de nuevo a buscar la estación de buses con dirección Zhangjiajie donde nos espera el mundo mágico de Pandora ;).

Haz clic aquí para ver nuestra anterior etapa: “China IX: Panda Base Chengdu. Cómo ver Osos Panda”.

Haz clic aquí para ver todas nuestras fotos de Fenghuang (¡un montón!).

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